jueves, 21 de noviembre de 2013

Le escribí con sangre los últimos versos, por todos aquellos besos que ya nunca le pude dar...

“Debes comer. Debes dormir. Debes animarte. Debes mirar hacia el futuro. Debes relajarte. Debes mantener la cabeza ocupada. Debes desconectar. Debes asumirlo. Debes olvidar. Debes aprender. Debes no pensar. Debes cuidarte. Debes mirar por ti. Debes ser fuerte. Debes apartarte de lo que te hace daño. Debes dejarte ayudar. Debes salir. Debes conocer gente. Debes mirar el lado positivo. Debes ver como mejora todo. Debes darte tiempo. Debes empezar. Debes terminar. Debes. Debes. Debes…” 
Llevaba diecinueve días sumida en el aguacero de obligaciones que todos imponían a su paso. Todo el mundo opinaba y aconsejaba imponiendo qué debía hacer. Pero nadie explicaba cómo. Le sobraban “qué hacer” y le faltaban “cómo hacerlo”.
Entonces, diecinueve días y quinientos insomnios después, lo entendió. Nadie se detuvo a decir cómo debía cumplir con todas aquellas obligaciones, porque ni siquiera ellos tenían idea. Ninguno sabía realmente cómo se olvida el amor, cómo se asume una desilusión, cómo es posible apartarse de lo que durante tantos años ha sido un hogar, cómo se mira hacia delante cuando no sientes más que dolor. Habían pasado diecinueve días suministrando consejos placebo, que ni ellos mismos sabrían aplicar.
Estaba cansada. Cansada de tanta palabrería vacía que en realidad no decía nada. Cansada de escuchar cómo los demás opinaban sin saber realmente qué sentía ella, ni siquiera qué pensaba. Cansada de ese falso apoyo que todos le brindaban.


Lloró durante días, quizás semanas, en el desconsuelo de aquella soledad rodeada de personas.  Se quedó dormida acariciando sus heridas y cicatrices. Lo que en otro tiempo le hubiera parecido horroroso, hoy le resultaba confortable. “Estás aquí, sigues viva” repetía el leve escozor de su piel; “Por poco tiempo” reprendían sus aquejos. Y fue el eco de aquella discusión entre el dolor y la razón lo último que apreciaron sus sentidos.
Nunca sabría que sería ese aquel sueño del que no despertaría, al igual que ellos jamás conocerían las noches que ella suplicó la llegada de ese momento, la alegría que le producía.

Dejó a su partida un par de recuerdos, unos tantos malos y alguno que otro bueno. También el pequeño rastro de amor que entregó a todos los que también la quisieron. Dejó el álbum de fotografías de todos sus momentos, y unas cuantas lágrimas que acertaban a reflejar eso que se siente cuando se echa de menos. Dejó entre sus cosas su pequeña colección de poemas, algunos muy conocidos, otros que escribió ella. Se los dejaba como despedida a la que fue durante tanto tiempo toda razón de su vida. Y descubrieron que uno de ellos aún no había secado su tinta.

“XI
 Mi amor, este poema
es para que lo leas cuando no esté a tu lado,
cuando no pueda ya cuidar de ti.

No te conformes nunca con alguien que no piense
que tu eres una llama más antigua que el fuego,
que tú eres su razón para vivir.

Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver.

Escapa del que piense
que el aire es la pared de lo invisible
y huye de aquel que crea
que es más feliz quien menos necesita,
porque ése no podría necesitarte a ti.

No te rindas, no olvides jamás que la tristeza
sólo es la burocracia del dolor.
Y si sientes que el mundo se derrumba,
no intentes abrazarte
a otro que esté cayendo a la vez que caes tú,
como yo hice contigo.

Algún día
tendrás que despertarte para salvar tus sueños.
Algún día sabrás que en las promesas
hay siempre un cristal roto
en el que aúlla el viento frío de la mentira.

Recuerda todo eso.

No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre.

Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día.
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío.

                                                          Te quiero.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Da una tregua a la razón, deja que hable el corazón.

Se han secado las hojas de mi calendario, y ahora caen por tus desaires. Tu frío me hizo hielo y soy pedazos tras golpearme. Eres invierno. Toda la tormenta que ha arrasado con lo poco que ya no tengo.
Hace tiempo que dejó de importarte lo que sentía,  hace tiempo que eras consciente de que me destruías. Pero no voy a mentir, sigo aquí. En medio de esta nada, que crece sin remedio. En mitad de este todo, que me hunde aún sin quererlo. Sigo aquí, sin saber qué espero. Sigo aquí, porque resuenan aún en este vacío los ecos de tus “te quiero”.

Me planté delante de la verdad, y confié en todas tus mentiras. Supongo que siempre guardé la esperanza de que tú no me destrozarías. Pero sigo aquí, aún así, aquí sigo. Y en una mano sostengo todos los buenos momentos, y en la otra la cruda posibilidad de que ninguno fuese cierto. Pero mi balanza nunca se inclina, porque se descalibró del dolor y ahora sólo marca “Ruina”.

Ahora sólo espero una llamada que me diga que nada ha sido cierto, que sólo fue una pesadilla. Un mensaje, una carta, una intención, de reaparecer en mi vida para pedir perdón. Una disculpa que demuestre arrepentimiento;  una súplica de poder tener un momento para decir “lo siento, te quiero, te espero, tienes para ti mi vida, voy a guardar nuestros momentos y a pelear por volver a tenerlos.”

Pero nada de eso llega, al igual que nuestros sueños. Sólo me queda esta agonía de no tener certeza de realidad de mis recuerdos. La huella de tu falso abrazo, y todos esos días, que ya nunca serán buenos. Los amaneceres en los que no volveré  a ver tu sonrisa a mi lado, los días en que habríamos pateado el mundo con tan sólo unir nuestras manos. Sólo me quedan rotos y esperanzas vacías, planes de futuro emborronados con el dolor de tus mentiras.

Aún así guardaré mis pedazos, los restos esparcidos que quedan de mi vida, por si algún día, en sueños, tu sonrisa vuelve a doblar la esquina. Por si algún día, amor, comprendes que siempre fui yo la mujer de tus días. Por si un día no soportas el dolor de mi partida, y decides luchar sin oportunidades, hasta dejarte la vida.



"Y cuanto más intensamente ames, más intenso será el dolor futuro."


Hoy escribo usando por tinta el dolor y mi sangre. 
Es el único medio que me queda para poder explicarte,
que aún me muero de ganas de tenerte delante.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Que hoy mis ruinas no quieren quedarse.

Nunca llegamos a pararnos a pensar en la relatividad de nuestra felicidad. Puede que por ello no consiguiéramos entendernos jamás.
Porque tus ilusiones eran mis miedos y tus ganas mis fantasmas; porque siempre te apetecía lo que a mí me atormentaba.

Fuimos cristales de bohemia en mitad de un terremoto; la esperanza ciega de cosernos, sin hilo, todos los rotos. El molde de una sonrisa que nunca llegó a forjarse, el arrepentimiento inútil en el último segundo antes de suicidarse.
Fuimos un incansable intento del mar por besar la tierra. Fuimos paz, y sobretodo guerra.

Quisimos ser todo, por encima de nada. Y sólo encontramos piedras, de camino a una felicidad que nunca nos alcanzaba.
Hoy tengo el corazón cansado de viajar a ninguna parte, de caminar en círculos, de no llegar a tiempo cuando se trata de amarte.

Subiré al próximo tren, sin importar el destino. Dejaré aquí todo lo malo de ayer, y aquello que pudo haber sido.
Me llevo los buenos recuerdos, y un par de canciones. Si alguna vez quieres encontrarme, recuerda buscarme en las estaciones.



domingo, 4 de agosto de 2013

Aléjame de mi.

Volví a verla después de mucho tiempo. Su aspecto era diferente al de la última vez, estaba más delgada y su rostro ya no desprendía la luz de otros días. Tenía los ojos tan tristes que podrían haberle encogido el corazón a cualquiera. Realmente daba pena. ¿Qué le habría ocurrido? A decir verdad, no me importaba. De hecho, fuera lo que fuera, seguro que lo merecía.
Odiaba volver a verla. La odiaba a toda ella.Y la odiaba con razones.
Ella destrozó mi vida, pero también la de los que me rodeaban. Arruinó todo intento de felicidad que apareció en mi vida. Acentuó cada uno de mis miedos, hasta hacerme presa de ellos. Acabó con mis esperanzas e ilusiones. Me alejó de aquello que realmente quería. Destruyó mi vida, y me abandonó.

Es cierto que en otro tiempo fuimos inseparables, pero ahora sólo podía repudiarme su imagen. No había cabida a la idea de perdón. La odiaba. Y sabía que la seguiría odiando hasta el final de mi existencia.

Fue entonces cuando todos aquellos recuerdos, fantasmas de mi pasado, afloraron inundando mi mente y parte de mis ojos.
De repente su mirada se posó en mí. Fría, firme y seria. Ella tampoco se alegraba de verme. Yo sólo pude responder con un gesto de ira.
En un segundo, el odio y la rabia me cegaron. Para cuando fui consciente de mis actos ya la había golpeado un par de veces. Me sangraba la mano, pero no me importaba. Caí al suelo y rompí a llorar, con el desconsuelo de un niño perdido. Lloré durante horas, hasta perder la noción del tiempo.
Sólo cuando mi llanto pareció dar tregua reuní las fuerzas suficientes para incorporarme torpemente; y, con apariencia decidida, descolgué aquel espejo. Recogí la lluvia de pequeños cristales esparcidos por el suelo, por no desangrarme al pasar por encima de mis propios pedazos, mientras me prometía a mi misma que no volvería a verme.



viernes, 26 de julio de 2013

Hoy, quiero volar

¿Cuánto tiempo tarda una oruga en convertirse en mariposa?

A veces los cambios duelen, a veces son necesarios. Otras simplemente llegan de repente y nos pillan con los pantalones bajados. Ante eso sólo hay dos reacciones posibles: adaptarse al cambio o resignarse a quedar anclado en un pasado que no volverá.
Elegir la primera significa seguir avanzando, no desistir nunca en la lucha de encontrar la felicidad, a pesar de lo que pueda doler el camino hacia ella.
Pero si hay alguien que entienda mejor el dolor de un cambio, sin duda son aquellos que deciden decantarse por la segunda opción. Y es que mudarse al pasado es la forma de autodestrucción más efectiva y letal que existe.

No podemos vivir alimentados de la felicidad de un recuerdo; porque, a pesar de cuantas veces los revivamos, sólo son eso, recuerdos. Deberíamos dedicarnos entonces a crear nuevos recuerdos felices, recuerdos que nos garanticen que cualquier día podremos mirar a nuestra espalda y ver que el camino mereció la pena.

Sé que habrá muchos días en los que arrasarás con el mundo a dentelladas, y que, sin embargo, otros tantos querrás tirar la toalla; puede que incluso tengas de aquellos en los que no dejes de odiarte y los recuerdos pasados luchen por arrastrarte. Pero cualquier opción será siempre mejor que permanecer quieto y destrozarte.

Así que, cuando la vida te supere y creas que no merezca la pena, quizás debas recordar que las orugas pasan la vida afrontando continuos cambios, únicamente por ser mariposas. Mariposas que, probablemente, vivirán un sólo día.



miércoles, 24 de julio de 2013

Si tú me dices ven, lo dejo todo...

Quizás le dimos demasiada importancia a los porqués sin plantearnos el cómo. Pero, ¿cómo explicar sentimientos con palabras? Las limitaciones del lenguaje son las que hacen que demostrar sea la única forma de expresar aquello, imposible de ser dibujado con letras.

Aún así intentaré hacerte comprender que tengo grietas hasta el alma de tanto echarte de menos.
Que se me ha congelado el verano desde que no somos. Y no sabes cuánto frío hace en esta habitación.
Que si tuviera que echar esto a suertes, plantaría una margarita que siempre dijera que sí.
Que si tuviera que alojar un eco en mi memoria sería el de tu risa.
Que no me importa el tiempo, sino la intensidad. Y pienso hacerte gritar de felicidad y placer a partes iguales.
Que lo único que  te prohibiría, es toda esta distancia, y el aire que corre entre las dos.

Podría acostarme con miles de personas, pero sólo quiero levantarme contigo.
Y no sabes como quisiera secuestrarte una vez al mes, para retenerte en el escondrijo secreto de mi cama. Y confesarte a besos que si tuviera que ser planeta, tú siempre serías mi estrella.
Y perder la cuenta de tus lunares, y volver a empezar, una y otra vez.

Que si te cansas paramos, y te doy de respirar. Que si caemos te abrazo, y te enseño por donde queda la estrella polar.
Y si nos abandona la suerte, te pintaré tréboles por el camino. Y si se nos escapa el tren, te subo a hombros y te llevo yo al destino.
Que si se te acaba la magia, te escribiré libros de hechicería y conjuros a la luz de tu sonrisa.
Porque si tengo que tropezar con algo, quiero que sea contigo. Porque llevo esperándote demasiadas vidas,  y no voy a dejarte escapar.
Que si tuviera que prometerte algo, aquí y ahora, sería un parasiemprejamás.

Déjame ser contigo.



…Pero dime ven.

martes, 23 de julio de 2013

Te invito a cenar sin la mesa puesta, para asesinar todas las quimeras.

Hoy es uno de esos días en los que no logro diferenciar si lo que me ahogan son las palabras o las lágrimas de tu recuerdo. Me prometí no volver a escribirte, pero esta es la única forma que me queda para que algún día leas todo aquello que siempre quise decirte.

No vengo a escupir reproches, ni a exigirte explicaciones. No te hablaré de este deseo irrefrenable de recuperarte, aunque fuera un segundo, por volver a abrazarte una vez más. No te diré que me atormentan todas las noches que no dormiré contigo, ni te contaré todos aquellos planes para nosotras que dejé escritos. No te haré saber que me consume la idea de no volver a tener tu sonrisa entre mis brazos; aunque me muera por marcar tu número y llorarte que sé a ciencia cierta que después de ti no habrá nadie, que pasaría mil vidas esperándote.
Conozco de sobra aquello de que nuestras promesas pasaron a ser dolorosas mentiras y fue necesario partirse; pero mi mitad no deja de sangrar. Dejamos demasiadas cosas en el tintero, los besos, los abrazos, las noches en vela, las sábanas revueltas y un puñado de te quieros.
Digamos que no imagino una vida sin ti, pero me destrozaba aquella que tenía contigo. Y qué impotencia querer y no poder, y qué putada estar condenada al fracaso una y otra vez. 
Y créeme que es tan agonizante como devastador encontrar a la persona de tu vida y estar destinados a no ser. Por no hablar de ese engaño de la memoria, que no deja de inundar de recuerdos, y siempre de los mejores, siempre de los buenos.

Qué insano fue perderte cuando aún te tenía. Qué difícil ver amanecer a mi lado tu sonrisa, y no poder sentirla mía. Cuánto tiempo pasé intentando recuperarte mientras te perdía.

Podría decirte que seguiré esperando por ti toda la vida, que jamás perdí la esperanza de que volvieras para coserme las heridas. Que tengo aquí guardado cada beso y cada abrazo que no te he dado. Que seguiré buscando, cada mañana, tu olor entre las sábanas de mi cama, aún cuando en la tuya reine el de cualquier otra. Que tengo tu recuerdo atado conmigo, por si algún día deciden sorprenderme los fantasmas del olvido... 

Pero no te hablaré de nada de ello, porque ahora sólo me queda resignarme a guardar silencio, a dejar que pase el tiempo. 
Y si aquel principio pasado de todo lo que fuimos elige regresar, ten claro que seguiré aquí, deseando recibirlo, para no soltarlo jamás.




Bofetada del camino, putadas de la vida, o cosas del destino; puedes llamarlo como quieras, es echar de menos en todos los sentidos.

viernes, 5 de julio de 2013

¿De qué tienes miedo? De ti, de mi sin ti

Puede que no le escribiera una carta por cada día que pasó sin ella, de esas que hablan de dolor desgarrador y sentimientos sangrantes, de esas que se mandan a ninguna parte. Puede que no le gritara te quieros cada semana, desde aquella ventana en la que en otro tiempo contemplaron, abrazados, la prisa de la luna por emerger del mar. Puede que no se hubiera dedicado a conservar, custodiado, el rastro de perfume que dejó en la habitación tras su partida. Y puede que la razón de que no hubiese hecho nada de aquello es que la había llorado.
Quizás un poco. Quizás demasiado.

La lloró al verla marchar con apariencia decidida, pero también mucho antes de aquella despedida. La lloró aquellos días en que estaban separados millones de años luz aún teniéndose al lado. La lloró por lo que pudo ser y no fue, pero también por lo que había sido y no volvería a ser.
La odió, la deseó, la anheló, la sufrió, la buscó, la amó, la negó... Y la lloró. Una y otra, y otra vez. 
La lloró, porque jamás la olvidó, pero también porque no quiso olvidarla. Y no dejó de llorarla, a pesar de lo que pudiera marcar aquel reloj; porque el tiempo se detuvo en el momento en el que cerró tras de sí aquella puerta, y se marchó.

Desde entonces sólo se dedicó a expulsar el dolor de su pérdida en forma de esa salada humedad que siempre le desbordaba. En cualquier lugar, a cualquier hora. Porque su recuerdo no entendía de horarios ni lugares, porque aún después de tanto tiempo ella seguía teniendo esa capacidad de aparecer en cualquier momento y remover sus sentimientos y conseguir, una vez más, hacerle llorar.

viernes, 7 de junio de 2013

Mr. Nobody

"Si mezclas el puré de patatas con la salsa después no se pueden separar, es para siempre. El humo sale del cigarrillo de papá, pero nunca vuelve a entrar. 
No podemos volver a atrás, por eso cuesta elegir. Hay que tomar la decisión correcta. Mientras no elijas, todo sigue siendo posible."


"A veces no puedo dormir. Así que pienso sobre cómo era. 
Es lo único que me queda."

lunes, 27 de mayo de 2013

Fuiste, eres y serás poesía.

Envidio todo lo que hoy te rodea. Envidio a los que conocen la luz de tu sonrisa. Envidio a esos que experimentaron el color de tu nombre. Envidio a todos los que te besaron, y a los que te besarán. Envidio el leve rayo de luz que se cuela entre los huecos de tu persiana para despertarte cada mañana. 
Envidio a los que sintieron el calor de tu aliento en su espalda. Envidio las manos que han rozado la humedad de tus suspiros entre sábanas inquietas. Envidio esa ansiada bocanada de aire que tomas después de llorar de alegría. Envidio a esos que abrazaron el silencio de tus lágrimas. Envidio a todos y cada uno de los colores que pintaron tu cielo cuando el día no dejaba de tornarse gris. Envidio los callejones que te vieron desbordar ilusión en forma de fotografía. Envidio el roce de los labios impacientes que recorren tus lunares. Envidio a aquellos que congelaron tu felicidad en una imagen.
Envidio a esos que, aún sin saberte, saben que cada día a la misma hora tu sonrisa doblará la misma esquina. Envidio a los balcones que te vieron soñar junto a tu ventana con un mañana mejor. Envidio a aquellos que te quitaron la ropa para vestirte de poesía. Envidio a los que saben que no hay medidas que comprendan la fuerza de tus palabras. 
Envidio a las musas que hicieron de ti el arte más puro. Envidio a esas ciudades que escondieron tus secretos entre sus calles. 
Envidio a todo aquel que te enamoró.

Porque, a fin de cuentas, el único motivo de tanta envidia es no poder ser yo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Este nunca no esconde un ojalá...

Con el paso del tiempo nos abrimos, sin quererlo, una brecha entre tus ganas y mi ilusión; y cada vez que me lanzas tus palabras me sangra, un poco más, el corazón.Y es que te he gritado tanto desde mi silencio que se me ha desgarrado la voz, y parte de los sentimientos. Aunque a veces hubiese bastado con decir "te quiero" sin pretextos.
Puede que ahora negocies otros besos, pero gritarás en silencio al ver que ya no son los míos quienes te acechan por la mañana, cuando el sol entre por la ventana y te despierte, y seas entonces consciente de que al amanecer siguiente tampoco estaré.

Quizás me encuentres en cualquier acera, buscando ese rayito de luz que me devuelva mi primavera. Quizás al caer el alba, intentando encontrar esas palabras que concedan un poco de orden al caos de mi alma. 
Quizás no vuelvas a verme, quizás me encuentres en todas partes.

Sea como sea, para entonces, ya será demasiado tarde.

jueves, 21 de marzo de 2013

Nos queríamos con o sin piedad.

Hoy vuelve tu lluvia a mi ventana, con su invierno entre mis dudas, para hacerme tiritar.


Y ahora que la soledad me atormenta con el silencio de tu recuerdo, no hay voz que llene la ausencia desgarradora de tus palabras.

martes, 19 de marzo de 2013

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío.


"Entonces pudimos haber hecho 2 cosas:
romperlo del todo
o tratar de arreglarlo de una vez.

Hasta aquel momento sólo
habíamos usado la opción equivocada:
tapar las grietas.

No sabíamos cómo tomar ninguno
de los otros dos caminos.
El primero requería
salir de los recintos de la cobardía,
aprender a dar las gracias
-o a odiar sin titubeos-
y repartirse los recuerdos.
El segundo requería
salir de los recintos de la cobardía,
aprender a agradecer,
reconocer la mediocridad que nos amparaba
y poner de acuerdo los recuerdos, sobre todo aquellos que se irían
fabricando a partir de entonces.

No sé bien lo que pasó, si lo logramos,
si salimos de la cobardía por la puerta de entrada
o del amor por la puerta de atrás.

Sólo recuerdo que nunca suele ser como uno espera
y que algunas veces pienso que soy feliz."

miércoles, 13 de marzo de 2013

Y tengo envidia de mi cuerpo que te roza y te acaricia mientras yo muero de miedo.

Pensé escribirle un poema a besos en ese destello de luz que hay en la curva de su sonrisa, para que nunca olvidara quién ilumina mis tormentas. Quise acariciarle el alma con sonetos en el atardecer de sus caderas, pero es demasiado perfecta para ser yo merecedora de rozar sus ilusiones con el llanto de mis dedos. 
Guardé en un cajón todos los amaneceres en los que hubiera abrazado su aliento en mi nuca, con intención de regalárselos a la vuelta de su mirada, pero está tan guapa con ese pelo alborotado y esas ojeras de no haber dormido conmigo...



Y aunque siempre quise vivir en los huecos de su espalda, sabía que tenía guardada mi primavera en sus pestañas.

domingo, 3 de febrero de 2013

Antes de rendirnos, fuimos eternos.


Independientemente del resultado de la autopsia, lo que nos acaba matando suele ser algún tipo de distancia. La distancia hasta la bala que atraviesa el corazón de la víctima no es muy distinta a la distancia que recorre el suicida del quinto piso al suelo, la que realiza una célula en plena metástasis, la distancia entre dos latidos consecutivos o la tuya hasta los sentimientos de esa chica. Distancias desafortunadas e imprevistas, con  un punto B en un lugar muy distinto al que creíamos cuando salimos de A, y aunque haya gente que logra encontrar de nuevo el atajo y salir airosa, la mayoría acabamos en un punto C.

viernes, 1 de febrero de 2013

Déjame que te hable también con tu silencio.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.



jueves, 24 de enero de 2013

Momentos que nunca existieron, historias de esas que nunca se olvidan.


He vuelto a tachar un nuevo día en mi calendario, llevo haciéndolo tanto tiempo que ya ni siquiera creo recordar porqué. Meses y meses teñidos de rojo, amontonados en un cajón.  Horas cargadas de amargos recuerdos. Días empapados en sueños truncados. Años crucificados que sólo repiten que tú ya no estás.


Para ti siempre he sido un error. Hay cosas que nunca cambian. Es por ello que hoy no vengo a hacerte cambiar de idea, a desmoronar tu mundo, a convencerte de nada.

Comprendo que a estas alturas mi nombre no te encoja las entrañas, ni mi recuerdo te arrugue el corazón. Sé que fueron demasiados días malos, y que quizás ya no sea más que un borrón en tu agenda de desengaños. Entiendo tus reproches y tu odio reiterado, aunque debo confesarte que me duele no ser yo quien te lleve de la mano.

Puede que una mañana, cuando el amanecer trepe por tus caderas y se abra paso entre tu pelo, escuches el susurro de todos los te quiero que he gritado al viento durante todo este tiempo.
Tal vez un día tu sonrisa perdone mis errores,  tus manos abracen mis palabras y tu mirada se cruce con todos esos besos que aún te guardo. Quizás sea entonces cuando comprendas que nunca me he marchado, que sólo esperaba el momento correcto, el instante adecuado. Que he pasado una eternidad hibernando al calor de tu recuerdo, esperando que el hilo quebrado de tu voz me despierte de la más profunda de mis pesadillas.


miércoles, 23 de enero de 2013

Con-razones.

Es que no la conocéis, aunque la veáis pasar enamorando aceras
con ese moño de fotógrafa italiana que talla cada luz en su retina
y te la devuelve mejorada.

Es que no podéis saber cuántos brindis le caben en el cuerpo 
ni ella sabe cuántas lagrimas le quedan, y por eso las regala.

Os conformáis con atisbar de reojo la amenaza par de sus pezones
o medir el largo interminable de sus piernas,
cuando lo que importa son sus pasos y hacia donde la llevan.

Es que no tenéis ni puta idea del poder que se siente
cuando me abraza dormida y se sabe en casa,
de la angustia acristalada cuando se queda pero se marcha,
de la caliente felicidad con que regresa, a derretir escarchas.

Es que no la habéis visto leer el diario e indignarse,
empañar con canciones tristes sus opacos ventanales,
o usar las gafas de sol cuando anochece,
para proteger de su mirada a los mortales.

Es que en su cuello podrían tatuarse, en espiral,
los poemas que explican mi verdad,
Y en su nuca caben, en tres signos tipográficos,
todas las palabras que jamás he pronunciado.

Es que cuando la maquina del mundo se detiene
y todo me sabe a error por repetir,
ella funciona.
Cuando me caigo en la trinchera que llevo años cavando,
ella sonríe y me levanta.

Cuando teme que el futuro pueda quedarle grande,
me llama y le hacemos un corte de mangas
y un tajo que va del ayer a su cadera,
que es donde empieza y termina la mañana.

Y aunque la hayáis tenido, espléndida y desnuda,
con ese galopar de felino desbocado,
si no os cambió la vida su manera de entregarse,
es que mirabais hacia el lado equivocado.

Es que no la conocéis. 
Es que por suerte, no acabo de aprenderla
ni la quiero descifrar.
Es que nunca sabré con cuál de ellas me acuesto
y con cuál me levanto,
pero disfruto tanto 
de esta poligamia singular.

Es que no quiere hacerle daño a nadie
aunque la simplifiquen o lastimen.
Es que parece tan frágil y está hecha de acero inolvidable.

Se cree tímida, pero no sabe ni quiere estarse quieta.
Es que teme ser libre, pero no admite ataduras.
Salvo algunas noches,
cuando su espalda vuelve a ser montura 
y me ofrece el animal mas bello del planeta.

Es que no podéis saber.
Es que no tenéis ni puta idea.

Entiendo que queráis quererla.
Pero yo la quiero
por muchas más razones.

miércoles, 2 de enero de 2013

Y, sin embargo, te quiero.

Hace tiempo perdí la ilusión y la mitad de las ganas. Hace tiempo me abandonó la felicidad, y aún sigo esperando que me cosan las alas. Hace tiempo que el tiempo me pisa al pasar. Hace tiempo que estoy por estar. Hace tiempo, querida, que no siento nada al mirar hacia atrás; porque hace tiempo ví que no tengo futuro alguno al que caminar. 
Hace tiempo que me sangran las heridas cuando escucho tu voz. Hace tiempo que tu indiferencia no asalta mi cama para hacerme el amor. Hace tiempo que tus dudas duermen bajo mi cama. Hace tiempo que borraste cada huella de aquellas sábanas. Hace tiempo que estoy en lo cierto al pensar que te da igual. Hace tiempo me viene doliendo el olor de tu pelo al pasar. Hace tiempo que mis sueños ya no rozan tus pasiones. Hace tiempo nos impusiste tus normas y prohibiciones. Hace tiempo te seguí ciegamente, y hoy me arrepiento. Hace tiempo que me voy. Hace tiempo que me vengo. 
Hace tiempo que mis costuras las royeron los ratones. Hace tiempo que ya nadie me lleva a perderme por ninguno de nuestros rincones. Hace tiempo que la suerte dejó de subirse a mi espalda. Hace tiempo que no juego tus cartas, ni me guardo tu as en la manga. Hace tiempo desmentí las palabras de aquellos que por nosotros no apostaban. Hace tiempo que vengo creyendo que mañana se acaba. 
Hace tiempo que terminaron tus ganas de verme. Hace tiempo, vida mía, que dejé de creerte. Hace tiempo prometí no dejarte y, aquí me ves, lamiendo mis heridas para no desangrarme. Hace tiempo que somos como dos extraños. Hace tiempo dejaron de dolerme los años. 
Hace tiempo que te odio... Pero nunca más de lo que amo.