martes, 23 de julio de 2013

Te invito a cenar sin la mesa puesta, para asesinar todas las quimeras.

Hoy es uno de esos días en los que no logro diferenciar si lo que me ahogan son las palabras o las lágrimas de tu recuerdo. Me prometí no volver a escribirte, pero esta es la única forma que me queda para que algún día leas todo aquello que siempre quise decirte.

No vengo a escupir reproches, ni a exigirte explicaciones. No te hablaré de este deseo irrefrenable de recuperarte, aunque fuera un segundo, por volver a abrazarte una vez más. No te diré que me atormentan todas las noches que no dormiré contigo, ni te contaré todos aquellos planes para nosotras que dejé escritos. No te haré saber que me consume la idea de no volver a tener tu sonrisa entre mis brazos; aunque me muera por marcar tu número y llorarte que sé a ciencia cierta que después de ti no habrá nadie, que pasaría mil vidas esperándote.
Conozco de sobra aquello de que nuestras promesas pasaron a ser dolorosas mentiras y fue necesario partirse; pero mi mitad no deja de sangrar. Dejamos demasiadas cosas en el tintero, los besos, los abrazos, las noches en vela, las sábanas revueltas y un puñado de te quieros.
Digamos que no imagino una vida sin ti, pero me destrozaba aquella que tenía contigo. Y qué impotencia querer y no poder, y qué putada estar condenada al fracaso una y otra vez. 
Y créeme que es tan agonizante como devastador encontrar a la persona de tu vida y estar destinados a no ser. Por no hablar de ese engaño de la memoria, que no deja de inundar de recuerdos, y siempre de los mejores, siempre de los buenos.

Qué insano fue perderte cuando aún te tenía. Qué difícil ver amanecer a mi lado tu sonrisa, y no poder sentirla mía. Cuánto tiempo pasé intentando recuperarte mientras te perdía.

Podría decirte que seguiré esperando por ti toda la vida, que jamás perdí la esperanza de que volvieras para coserme las heridas. Que tengo aquí guardado cada beso y cada abrazo que no te he dado. Que seguiré buscando, cada mañana, tu olor entre las sábanas de mi cama, aún cuando en la tuya reine el de cualquier otra. Que tengo tu recuerdo atado conmigo, por si algún día deciden sorprenderme los fantasmas del olvido... 

Pero no te hablaré de nada de ello, porque ahora sólo me queda resignarme a guardar silencio, a dejar que pase el tiempo. 
Y si aquel principio pasado de todo lo que fuimos elige regresar, ten claro que seguiré aquí, deseando recibirlo, para no soltarlo jamás.




Bofetada del camino, putadas de la vida, o cosas del destino; puedes llamarlo como quieras, es echar de menos en todos los sentidos.

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