domingo, 3 de febrero de 2013

Antes de rendirnos, fuimos eternos.


Independientemente del resultado de la autopsia, lo que nos acaba matando suele ser algún tipo de distancia. La distancia hasta la bala que atraviesa el corazón de la víctima no es muy distinta a la distancia que recorre el suicida del quinto piso al suelo, la que realiza una célula en plena metástasis, la distancia entre dos latidos consecutivos o la tuya hasta los sentimientos de esa chica. Distancias desafortunadas e imprevistas, con  un punto B en un lugar muy distinto al que creíamos cuando salimos de A, y aunque haya gente que logra encontrar de nuevo el atajo y salir airosa, la mayoría acabamos en un punto C.

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