Independientemente del resultado de la
autopsia, lo que nos acaba matando suele ser algún tipo de distancia. La
distancia hasta la bala que atraviesa el corazón de la víctima no es muy
distinta a la distancia que recorre el suicida del quinto piso al suelo, la que
realiza una célula en plena metástasis, la distancia entre dos latidos
consecutivos o la tuya hasta los sentimientos de esa chica. Distancias
desafortunadas e imprevistas, con un
punto B en un lugar muy distinto al que creíamos cuando salimos de A, y aunque
haya gente que logra encontrar de nuevo el atajo y salir airosa, la mayoría
acabamos en un punto C.
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