Saltarse cualquier lógica temporal. La eternidad de los segundos, la fugacidad de las horas.
La cordura desvaneciéndose a velocidad de vértigo.
Otro golpe de suerte. Causalidad certera.
Caminos de ida, ojos colmados de ganas de volver.
Carcajadas de buenas noches, cosquillitas antes de dormir. Y al despertar. Y a media tarde.
Una sonrisa floreciendo en la almohada.
Un ataque de besos previo a los desayunos.
Maratones de magia, de una piel que no sabe de trucos.
Acordes desafinados, el susurro de una voz que niega evidencias irrefutables.
Otra cerveza que me convenza que sigo despierta.
Mi alergia a las despedidas, abrazos de vuelta.
Los quédate anudados en el pecho, ideas de secuestro, planes de escape no siempre legales.
Restringir el adiós.
Otra mirada al reloj, borrones al calendario.
La felicidad estaba escondida en cada una de las manchas de aquellas pieles bicolor salpicadas de alegría.
Y yo sólo puedo aferrarme a ella con ambas manos, sosteniendo esta sonrisa de saberme la imbécil más afortunada del puto mundo.
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| Perdernos sólo para reencontrarnos. |

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