viernes, 19 de mayo de 2017

Indeleble.

Ahí está ella,
con su media melena
y su risa despeinada.
Abrazando la pena con los ojos,
contemplando detalles en vidas ajenas
que nunca saboreará en la propia.
Oponiendo inútil resistencia
a la fuga del sollozo 
que colma su vacío.

Y llora.

Llora de rabia,
arde de impotencia.
Incendios de silencio,
cenizas de ansiedad.

Y abraza sus restos,
y acaba durmiendo
en la serenidad de la resignación.
Tallando la piedra de sus muros,
motivos florales para un alma muerta.
Cementerio de desengaños
que un día fueron ilusión.
Motor de una vida no deseada.
Ramo de fracaso 
para la tumba de sus anhelos.

Y suspira.
Y se viste de invierno.
Y sonríe.

Sabiendo que nadie juega con hielo;
ignorando que el frío, 
también la quema.

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