Como quien descubre por primera vez su libro favorito, así se torna tu mirada cada vez que te hablo de los días en los que dos niñas pequeñas huían alrededor de una mesa de la zapatilla de su abuela, de cómo ese preludio de guerra acababa en un estallido de risas. De las noches en las que jugaba en los mismos pies que horas antes corrían me perseguían, teniendo por banda sonora las canciones de quien tejía sueños de hilo a mi lado.
Y entonces me inunda la pena y la rabia, y quisiera explicarte que eres tú y no otra quien protagoniza mis historias.
Pero sonríes, y entonces soy yo la que olvida del resto.
Pero sonríes, y entonces soy yo la que olvida del resto.
Porque tu sonrisa es el mayor motivo de festejo sin importar la fecha del calendario. Incluso aquellos días en que tu mirada se pierde y no consigues encontrarnos.
Por eso no necesito veintiséis de julios para celebrarte, para celebraros.
Porque más allá de la palabra que os defina, abuela, abuelo, yayo, yaya, nana, nano… siempre seréis sinónimo de tesoro.
De alegría.
De complicidad.
De 100 pesetas por debajo de la mesa y que no se entere tu madre.
De anécdotas de la mili, de los bailes en las plazas, de esos niños que no fueron a la escuela porque había que llevar el pan a casa.
De una bolsa de caramelos de miel y limón, o la onza de chocolate si te comes toda la merienda.
De canciones inundando la casa.
De familia reunida en la mesa cada domingo.
De abrazos eternos.
De suerte. Sobre todo de suerte.
Porque más allá de la palabra que os defina, abuela, abuelo, yayo, yaya, nana, nano… siempre seréis sinónimo de tesoro.
De alegría.
De complicidad.
De 100 pesetas por debajo de la mesa y que no se entere tu madre.
De anécdotas de la mili, de los bailes en las plazas, de esos niños que no fueron a la escuela porque había que llevar el pan a casa.
De una bolsa de caramelos de miel y limón, o la onza de chocolate si te comes toda la merienda.
De canciones inundando la casa.
De familia reunida en la mesa cada domingo.
De abrazos eternos.
De suerte. Sobre todo de suerte.
Por eso preferimos celebraros 365 días al año, implorando poder seguir haciéndolo, al menos, otra vida más.
Porque no hay nada más maravilloso que la fortuna de saberse nieto.
Porque no hay nada más maravilloso que la fortuna de saberse nieto.
Nada, excepto poder abrazar a un abuelo.
A los que seguís llenándonos de alegría.
A los que nos cuidan desde el cielo.
Os queremos, abuelos.
A los que nos cuidan desde el cielo.
Os queremos, abuelos.



