He dejado de dormir como medida desesperada para no volver a soñar(te).
Tuve que tragarme todo aquello que nunca dije, y desde entonces sólo vomito incoherencias.
En el intento de arrancarme el nudo de la garganta, he conseguido inundarme varias veces por día.
Ahora el óxido corroe cada uno de mis rincones, agrientándome en cada sístole, descomponiéndome en cada diástole; suplicando que deje de latir.
A la altura de mi pecho cargo el peso de la pena de quienes me saben detrás de una puerta, consumiéndome a sus espaldas.
He decidido deshacerme en el ácido que de un tiempo a esta parte recorre mi cuerpo.
Entregarme a esta tendencia caótica que me desequilibra, sabiendo dónde conduce la caída.
Sabiendo que, esta vez, no sobreviviré al golpe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario