He caminado a tientas, sin rumbo ni pretensiones, entre la
niebla; abrazada por la humedad y el frío del rocío. Descalza de recuerdos, ataviada de una ausencia que no duele pero
ahonda.
Y juraba el reloj que había amanecido, y yo sin encontrar
rastro de sol.
Ya no sé cómo abrir los ojos para dejar de verte.
Vete. Lárgate.
No vuelvas a mirarme,
a escribirme,
a soñarme,
a llorarme,
a pensarme,
a pronunciarme.
No vuelvas a nada.
No vuelvas jamás.
Porque esa es la cruda y aplastante realidad, lo que duele es el vacío no la
soledad.
Por ti,
por mi.

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