domingo, 18 de noviembre de 2012

Eran tiempos dorados, un pasado mejor.

Mi cuerpo yacía enterrado en el barro de una cuneta, borracho de aquellos besos envenenados que otros escupieron sobre él.
Lo poco que recuerdo no va más allá de una silueta, un destello de luz, y unos susurros que prometían no abandonarme jamás. Y aún así, a día de hoy, no podría asegurar que no hubiese sido un sueño.

Cuando desperté ya era presa de su sonrisa, del caminar de sus dedos por mis mejillas, del sonido de sus te quieros.
Ella me invitó a caminar, yo agarré su mano y bailamos cada noche bajo la luz de las estrellas. Gritamos en silencio. Saltamos por encima de cualquier palabra que tuviese la vaga intención de dolernos. Subimos tan alto que incluso el suelo tuvo celos del viento que nos rodeó. 
Y caímos...

Aún sigo buscando los pedazos perdidos en los que me partió aquella caída, en el fondo de cada botella del bar donde dijo Siempre.
Sigo consumiéndome noche tras noche porque, aún a veces, creo verla entre el humo de mis caladas, entre los fríos vacíos que dejó en mis sábanas.




"Escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla."

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