martes, 27 de noviembre de 2012

Cuentos para no dormir.

La llamé durante horas. Agonicé a la espera de su voz entre aquellos tonos atroces que me destruían, tras repetir el mismo número una y otra vez. La busqué en todos esos lugares que solía frecuentar, también en los que no. Grité su nombre por cada rincón hasta quedarme sin aliento. Recorrí la ciudad tantas veces que las farolas dejaron de alumbrar mi camino. Había desaparecido.
Intenté convencerme de que era imposible, no podía haberse marchado. Quizás dejé algún rincón sin escrutar, quizás su móvil se apagó, quizás salió de la ciudad y no dijo nada a nadie. Quizás...

Fue entonces cuando comprendí que no se había marchado, ni siquiera se había movido de donde estaba.Todo había terminado. Sin explicaciones, sin "tenemos que hablar", sin despedidas, ni discusiones, sin una nota que dijese que su partida era inminente, que no intentase detenerla.
Se había ido para siempre, sin decir siquiera adiós. Había borrado de un zarpazo la mitad de su vida, y había dejado un enorme hueco en blanco en la mía.

Desde entonces malgasto los restos de mi soledad cada día frente a su ventana, esperando por ver su sonrisa pasar de la mano de cualquiera.



Lo más duro no fue perderla, fue aceptar que no volvería.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Ella en vela pasa las horas...

Aquella noche lloró hasta que su cuerpo, totalmente exhausto, renunció por un instante a su agonía y descansó en la inmensidad de aquella cama, tan vacía comos sus esperanzas. El dolor la había vencido.
Se desvanecieron entonces los sueños, junto con las ilusiones. Ni rastro quedó de aquella fe ciega que, en otros tiempos, puso en el amor.
La ensordecedora soledad que ahora sumía su vida solo dejó pequeñas pinceladas de todos aquellos momentos, que fueron luz. Momentos que hoy nublaban su cielo, a la vez que su mirada.

Ella le entregó su vida a cambio de que se quedara. Él desmintió sus promesas y se fundió con el horizonte.
Sabía que su partida jamás conllevaría su regreso. Que él no necesitaría el calor de su aliento, porque cualquier otro abrigaría el tiritar de sus labios. Que aquellos ''te quiero'' no volverían a estar precedidos de su sonrisa. Que para él ya no sería más que un pasado difuso, en la mente de alguien quien olvidó mucho antes de tener qué recordar.




...and I wonder if you ever stop to think: ''I lost her.''

domingo, 18 de noviembre de 2012

Eran tiempos dorados, un pasado mejor.

Mi cuerpo yacía enterrado en el barro de una cuneta, borracho de aquellos besos envenenados que otros escupieron sobre él.
Lo poco que recuerdo no va más allá de una silueta, un destello de luz, y unos susurros que prometían no abandonarme jamás. Y aún así, a día de hoy, no podría asegurar que no hubiese sido un sueño.

Cuando desperté ya era presa de su sonrisa, del caminar de sus dedos por mis mejillas, del sonido de sus te quieros.
Ella me invitó a caminar, yo agarré su mano y bailamos cada noche bajo la luz de las estrellas. Gritamos en silencio. Saltamos por encima de cualquier palabra que tuviese la vaga intención de dolernos. Subimos tan alto que incluso el suelo tuvo celos del viento que nos rodeó. 
Y caímos...

Aún sigo buscando los pedazos perdidos en los que me partió aquella caída, en el fondo de cada botella del bar donde dijo Siempre.
Sigo consumiéndome noche tras noche porque, aún a veces, creo verla entre el humo de mis caladas, entre los fríos vacíos que dejó en mis sábanas.




"Escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla."

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Que he pasado la vida, sin saber que la espero.

Casi sin querer, me di cuenta de que había pasado mi vida esperando por ella.
Esperé a que cruzase aquella calle y se acercase su sonrisa, cada mañana.
Esperé cada tarde el sonido de aquella luz intermitente que decía que volvía a querer saber de mí.
Esperé impaciente aquel beso que nos uniría.
Esperé su vuelta, todas aquellas veces que se marchó de mi lado.
Esperé siempre que su tiempo dejó de ser suficiente para aclarar sus preferencias, y le cedí, sin pensarlo, todo el que yo poseía. 
Esperé aquel mensaje esperanzador, que me permitiese volver a sus brazos.
Esperé entre sollozos su regreso, siempre que subió en ese autobús.
Esperé sus respuestas, las noches en que las lágrimas nublaban mi vista.
Esperé ese futuro que soñábamos, cada vez que nuestros dedos jugaban a entrelazarse.
Esperé aquel golpe de suerte que cambiaría por completo nuestras vidas.
Esperé ante sus miedos, sus dudas y sus inseguridades.
Esperé en el suelo, de rodillas, suplicando no perderla una vez más.
Esperé cuando el brillo de sus ojos desapareció, y sólo veían oscuridad.
Esperé todas aquellas veces que su orgullo y su carácter estuvieron por encima de mí.
Esperé, aferrada al tenue destello de cualquier luz, a que pudiese ver todo aquello que intenté demostrarle cada día.
Y, aún hoy, sigo esperando desde el instante en que el destino decidió que la amistad fuese el único trato a recibir de su parte.

Quizás me equivoque. Quizás sólo sea una incoherente manera de tirar mi vida a la basura. Quizás un día la frustración se apodere de mí. Quizás esté cometiendo el peor error de mi corta existencia, condenándome con ello a un fatal desenlace. Quizás toda la impotencia contenida desbordará impredeciblemente en cualquier momento, y sólo podré desear mi muerte. Quizás me arrepienta. Quizás llegué al límite de esta espera. Quizás no.

Aún así, después de andar sobreviviendo a base de latidos cansados e irregulares durante todos estos años, no podría abandonar mi espera.

Puede que sea cada segundo invertido en esa lucha el que me mata poco a poco, pero fue también uno de ellos quién me dio la vida.





Mírame y vuelve a sonreír, que sino, 
yo no comprendo nada.