domingo, 20 de noviembre de 2016

Insomnia.

He dejado de dormir como medida desesperada para no volver a soñar(te).
Tuve que tragarme todo aquello que nunca dije, y desde entonces sólo vomito incoherencias.

En el intento de arrancarme el nudo de la garganta, he conseguido inundarme varias veces por día. 
Ahora el óxido corroe cada uno de mis rincones, agrientándome en cada sístole, descomponiéndome en cada diástole; suplicando que deje de latir.

A la altura de mi pecho cargo el peso de la pena de quienes me saben detrás de una puerta, consumiéndome a sus espaldas.

He decidido deshacerme en el ácido que de un tiempo a esta parte recorre mi cuerpo. 
Entregarme a esta tendencia caótica que me desequilibra, sabiendo dónde conduce la caída. 

Sabiendo que, esta vez, no sobreviviré al golpe.




lunes, 7 de noviembre de 2016

A la niña que fui.

No dejes nunca de jugar, aunque te señalen por hacerlo sola. Pronto llegará quien llene tus casitas de muñecas con indios y soldados, e invada tu pequeño zoo con dinosaurios.

Sigue leyendo a escondidas hasta altas horas de la madrugada y pintando cada hueco en blanco que pase por tus manos. El placer de abstraerse acabará convirtiéndose en necesidad, y hoy puedo agradecerte que aprendieras a hacerlo.

Sonríe, sonríe mucho, y abraza aún más. Especialmente a aquellos que te rodean, quiérelos todo cuanto sepas, no dejes que te nuble la idiotez de la adolescencia. Algunos se marcharán antes de lo debido, otros vivirán hasta el final;  incluso los hay que se olvidarán de ti sin siquiera tener que partir. Recuérdales que les quieres, especialmente a ellas, puede que hoy ya no sepan quién eres, pero sí lo que sienten por ti.

En el vaivén de personas a tu vida vas a querer a rabiar, será precioso y disfrutarás, pero también dolerá. No sabes cómo me gustaría hoy evitar que cayeses en el error de anteponer el amor ajeno al propio, en cerrar los ojos para no ver lo que no quieres creer. 
Tranquila, te parecerá una agonía insufrible, pero pasará; tú no dejes nunca de darte de esa forma visceral. Recuerda que unas veces te dañan y otras dañarás, por eso ve siempre de frente, que tu bandera sea la verdad. 


Querida yo, no quisiera despedirme sin pedirte perdón. Vamos a vivir un infierno.
Verás a mamá llorar, y a papá perder el control; nadie a nuestro alrededor se salvará de sufrirnos. Vas a odiarte hasta límites inimaginables, vas a querer rendirte, incluso sentirás que es el final. No desistas, tenemos la suerte de rodearnos de personas increíbles, y aunque ellas no lo sepan, van a salvarte la vida. Y lo harán cumpliendo un sueño, ese que probablemente esta noche vuelvas a soñar.
Esa pequeña bolita de pelo moteado va a hacerse realidad, y lo hará para ponerte a salvo, para devolverte a la vida.

Querida yo, no va a ser fácil pero te aseguro que merecerá la pena. 
Ojalá pudieras prometerme que serás la niña más feliz, yo te prometo seguir intentándolo.
Sólo espero que algún día puedas estar tan orgullosa de lo que soy como yo lo estoy de lo que fui.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Nothingness.

He caminado a tientas, sin rumbo ni pretensiones, entre la niebla; abrazada por la humedad y el frío del rocío. Descalza de recuerdos, ataviada de una ausencia que no duele pero ahonda.
Y juraba el reloj que había amanecido, y yo sin encontrar rastro de sol.

Ya no sé cómo abrir los ojos para dejar de verte.

Vete. Lárgate.

No vuelvas a mirarme,
a escribirme,
a soñarme,
a llorarme,
a pensarme,
a pronunciarme.

No vuelvas a nada.
No vuelvas jamás.

Porque esa es la cruda y aplastante realidad, lo que duele es el vacío no la soledad.






Por ti,
por mi.

Por favor.