sábado, 15 de diciembre de 2012

Como nunca, como siempre.


Digamos que a día de hoy sigo escupiendo los restos de aquello que llamabas amor; sigo arrastrando los despojos de esas cadenas de las que no logro deshacerme. Supongo que acertaría al decir que de poco te importa ya todo esto, que quizás ni siquiera recuerdes mi nombre.

Pero se hace inevitable mirar hoy el calendario y que mis ojos no vomiten tu recuerdo en forma de dolor. 
Porque hoy, querida, vuelve a sonar la misma canción. Esa irritante sucesión de notas que siempre nos enseñó la recompensa de avanzar; la misma que hoy me susurra a gritos que ya no estás. Quizás por eso el reloj camina despacio sobre cada uno de esos acordes; puede que el tiempo sólo quiera demostrarnos que no hay más olvido del que él nos permite.

Sólo espero que frío del invierno congele tu melodía, y que ésta se deshaga lentamente a la sombra de cualquier primavera.

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