Digamos que a día de hoy sigo escupiendo los restos de
aquello que llamabas amor; sigo arrastrando los despojos de esas cadenas de las
que no logro deshacerme. Supongo que acertaría al decir que de poco te importa
ya todo esto, que quizás ni siquiera recuerdes mi nombre.
Pero se hace inevitable mirar hoy el calendario y que mis
ojos no vomiten tu recuerdo en forma de dolor.
Porque hoy, querida, vuelve a
sonar la misma canción. Esa irritante sucesión de notas que siempre nos enseñó
la recompensa de avanzar; la misma que
hoy me susurra a gritos que ya no estás. Quizás por eso el reloj camina
despacio sobre cada uno de esos acordes; puede que el tiempo sólo quiera
demostrarnos que no hay más olvido del que él nos permite.
Sólo espero que frío del invierno congele tu melodía, y que
ésta se deshaga lentamente a la sombra de cualquier primavera.

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