lunes, 27 de mayo de 2013

Fuiste, eres y serás poesía.

Envidio todo lo que hoy te rodea. Envidio a los que conocen la luz de tu sonrisa. Envidio a esos que experimentaron el color de tu nombre. Envidio a todos los que te besaron, y a los que te besarán. Envidio el leve rayo de luz que se cuela entre los huecos de tu persiana para despertarte cada mañana. 
Envidio a los que sintieron el calor de tu aliento en su espalda. Envidio las manos que han rozado la humedad de tus suspiros entre sábanas inquietas. Envidio esa ansiada bocanada de aire que tomas después de llorar de alegría. Envidio a esos que abrazaron el silencio de tus lágrimas. Envidio a todos y cada uno de los colores que pintaron tu cielo cuando el día no dejaba de tornarse gris. Envidio los callejones que te vieron desbordar ilusión en forma de fotografía. Envidio el roce de los labios impacientes que recorren tus lunares. Envidio a aquellos que congelaron tu felicidad en una imagen.
Envidio a esos que, aún sin saberte, saben que cada día a la misma hora tu sonrisa doblará la misma esquina. Envidio a los balcones que te vieron soñar junto a tu ventana con un mañana mejor. Envidio a aquellos que te quitaron la ropa para vestirte de poesía. Envidio a los que saben que no hay medidas que comprendan la fuerza de tus palabras. 
Envidio a las musas que hicieron de ti el arte más puro. Envidio a esas ciudades que escondieron tus secretos entre sus calles. 
Envidio a todo aquel que te enamoró.

Porque, a fin de cuentas, el único motivo de tanta envidia es no poder ser yo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Este nunca no esconde un ojalá...

Con el paso del tiempo nos abrimos, sin quererlo, una brecha entre tus ganas y mi ilusión; y cada vez que me lanzas tus palabras me sangra, un poco más, el corazón.Y es que te he gritado tanto desde mi silencio que se me ha desgarrado la voz, y parte de los sentimientos. Aunque a veces hubiese bastado con decir "te quiero" sin pretextos.
Puede que ahora negocies otros besos, pero gritarás en silencio al ver que ya no son los míos quienes te acechan por la mañana, cuando el sol entre por la ventana y te despierte, y seas entonces consciente de que al amanecer siguiente tampoco estaré.

Quizás me encuentres en cualquier acera, buscando ese rayito de luz que me devuelva mi primavera. Quizás al caer el alba, intentando encontrar esas palabras que concedan un poco de orden al caos de mi alma. 
Quizás no vuelvas a verme, quizás me encuentres en todas partes.

Sea como sea, para entonces, ya será demasiado tarde.