He vuelto a tachar un nuevo día en mi calendario, llevo haciéndolo tanto tiempo que ya ni siquiera creo recordar porqué. Meses y
meses teñidos de rojo, amontonados en un cajón.
Horas cargadas de amargos recuerdos. Días empapados en sueños truncados.
Años crucificados que sólo repiten que tú ya no estás.
Para ti siempre he sido un error. Hay cosas que
nunca cambian. Es por ello que hoy no vengo a hacerte cambiar de idea, a
desmoronar tu mundo, a convencerte de nada.
Comprendo que a estas alturas mi nombre no te
encoja las entrañas, ni mi recuerdo te arrugue el corazón. Sé que fueron
demasiados días malos, y que quizás ya no sea más que un borrón en tu agenda de
desengaños. Entiendo tus reproches y tu odio reiterado, aunque debo confesarte
que me duele no ser yo quien te lleve de la mano.
Puede que una mañana, cuando el amanecer trepe por
tus caderas y se abra paso entre tu pelo, escuches el susurro de todos los te quiero
que he gritado al viento durante todo este tiempo.
Tal vez un día tu sonrisa perdone mis
errores, tus manos abracen mis palabras
y tu mirada se cruce con todos esos besos que aún te guardo. Quizás sea
entonces cuando comprendas que nunca me he marchado, que sólo esperaba el
momento correcto, el instante adecuado. Que he pasado una eternidad hibernando
al calor de tu recuerdo, esperando que el hilo quebrado de tu voz me despierte
de la más profunda de mis pesadillas.
¿Es tuyo?
ResponderEliminarSi :)
EliminarMe quito el sombrero...veo que lo de escribir se te sigue dando igual de bien.
ResponderEliminarMuchas gracias, aunque sinceramente no se me da ni la mitad de bien que a ti.
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