sábado, 7 de enero de 2017

Querida Eme:

Gracias a ti sé de la posibilidad
de echar de menos 
lo que nunca ha sucedido.
De desearlo,
imaginarlo,
quererlo,
abrazarlo,
olvidarlo.
Olvidarnos.
Y volver a empezar.

De vivir en los “y si…”,
de la cabeza en las nubes
y los pies ojalá en tu cama.

De lo que pudo haber sido,
de lo que podría ser,
de lo que, al final,
como siempre,
nunca será.

Gracias a ti he sabido
que no existe límite
entre el sueño y la vigilia
cuando se trata de imaginarte.
De imaginarnos.

Tu olor en mi garganta,
el nudo de sábanas entre tus piernas,
el sudor borrando los límites de la piel.
Trazar un camino de besos
desde tu boca hasta tu ombligo.
Tu cuerpo estremeciéndose entre mis cosquillas.

El lienzo de tu espalda,
la huella de mis dedos
dibujando en ella
futuros venideros.
Hacer de tu azul mi cielo,
ahogarme en tus ojos
y respirar,  
cada vez que me mires,
bocanadas de vida.

Tu nariz helada
buscando cobijo en mi cuello.
Dormir en tus pestañas,
hacer música en tu vientre,
declarar tu risa
mi canción favorita.

Tengo un reguero de sueños incumplidos,
una horda de planes impacientes,
un cúmulo de palabras
amontonadas en cajones.
Puñados de futuro en los bolsillos,
y un par de abrazos de bienvenida.

Y todos 
llevan 
tu nombre.

Gracias por enseñarme 
que la atracción
no siempre une a los polos,
pero los mantiene cerca.
Nunca alimenté esperanzas ilusorias,
pero daría la vuelta al mundo
por volver a ver tu sonrisa.
No hay ley física
capaz de explicar
esta fuerza gravitatoria
que me empuja hacia ti,
que me impide alejarme
de este estúpido deseo
de encontrarte.

Gracias por jugar conmigo
a este escondite de pretensiones,
y dejar que tus pecas
siempre sean casa.

A un beso de distancia,
así discurren nuestros vaivenes.

He perdido la cuenta
de las veces que hemos estado
a punto de nada.
Pero no las ganas de contar.


Escribo esta confesión
porque nunca antes
te he dado las gracias.

No es cuestión de cobardía,
es que a un beso de tu boca,
sólo pienso en salvar distancias.

viernes, 6 de enero de 2017

Ojalá...

Que cada trago de tu cerveza sepa a todos los besos que no te di.
Que creas verme en los ojos de cualquiera que se atreva a sostener tu mirada.
Que crezcan escorpiones en tu vientre, cada vez que alguien pronuncie mi nombre.
Que un nudo de lágrimas te aborde desde el primer acorde cuando suene nuestra canción.
Que me busques detrás de cada beso y sólo encuentres sus labios.
Que cada carcajada suene a mi risa bailando con tus cosquillas.
Que sueñes conmigo y al despertar la sigas viendo a ella.
Que tus fotos sólo inmortalicen mi ausencia.
Que dibuje mi silueta el humo de tu cigarro.
Que se nuble el recuerdo de mi voz, y sientas la desgarradora necesidad de volver a escucharme.
Que cada trazo en tu mapa marque una ruta hacia mi espalda.
Que resuenen los pedazos de tu alma a cada paso que des.
Que te atormente el incesante caminar de mi recuerdo en tu memoria, hasta querer abrirte la cabeza para sacarme de ella.
Que las huellas de mis dedos en tu piel duelan como un miembro fantasma.
Que el eco de mi abrazo despeine tu risa.
Que tiemblen tus manos cada vez que acaricien un libro.
Que se paralicen las páginas de tu historia.
Que el reloj siga marcando la hora de tu adiós.
Que tus letras rabien de pena al escribir.
Que cada palabra sea sinónimo de olvido.
Que cada poema hable de mí.


Porque sólo entonces podrías comprenderme.
Porque sólo así sabrías lo que sentí.