Hay
personas que saben a revolución, a mundo patas arriba, a guerra de sonrisas.
Personas que ven belleza en el caos de tus ruinas.
Personas que quieren a corazón abierto, a sabiendas de que podrán desangrarse.
Personas que viven cada momento con la intensidad de quien sabe que el ahora es pasado cuando aciertas a ser consciente de él. Y, aún así, lo disfrutan. Personas que plantan cara al vértigo para lanzarse, saltar, afrontrar la caída, y esperarte en el fondo… con los brazos abiertos y el corazón en un puño.
Personas que quieren a corazón abierto, a sabiendas de que podrán desangrarse.
Personas que viven cada momento con la intensidad de quien sabe que el ahora es pasado cuando aciertas a ser consciente de él. Y, aún así, lo disfrutan. Personas que plantan cara al vértigo para lanzarse, saltar, afrontrar la caída, y esperarte en el fondo… con los brazos abiertos y el corazón en un puño.
Pero
los locos no sabemos de cuerdas, aunque nos muramos por atarnos a una vida.
Jamás empañaría el brillo de los ojos de aquel que vuela libre.
He visto a la suerte sonreír nerviosa bajo la lluvia, mordiéndose las ganas. Me ha besado entre los acordes que otras tantas veces tarareábamos al recordarnos. Me ha enredado entre sus letras, empapándose de rabia, para después acariciarme las heridas con la sal de sus lágrimas.
He visto a la suerte sonreír nerviosa bajo la lluvia, mordiéndose las ganas. Me ha besado entre los acordes que otras tantas veces tarareábamos al recordarnos. Me ha enredado entre sus letras, empapándose de rabia, para después acariciarme las heridas con la sal de sus lágrimas.
Aquellos
que sólo conocieron el amor como una sucesión de magulladuras y heridas, son
los mismos que huyen ante el desconcierto del regalo desinteresado de una
felicidad plena. Quizá por incomprensión, quizá por miedo a que el dolor espere
acumulado a la vuelta de la esquina.
Es por eso que hoy encarno la cobardía de quien no pronunció un te quiero a tiempo, la resignación de dejar ir por no saber quedarse.
Es por eso que hoy encarno la cobardía de quien no pronunció un te quiero a tiempo, la resignación de dejar ir por no saber quedarse.
Y aún así has de saber, que ni el puto síndrome de Stendhal
puede aproximarse a lo que yo sentí al verte.
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Quería
decirte algo. No sé si debo.
¿Recuerdas aquel día? Pues desde ese día.
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