Nunca llegamos a pararnos a pensar en la relatividad de
nuestra felicidad. Puede que por ello no consiguiéramos entendernos jamás.
Porque tus ilusiones eran mis miedos y tus ganas mis
fantasmas; porque siempre te apetecía lo que a mí me atormentaba.
Fuimos cristales de bohemia en mitad de un terremoto; la
esperanza ciega de cosernos, sin hilo, todos los rotos. El molde de una sonrisa
que nunca llegó a forjarse, el arrepentimiento inútil en el último segundo
antes de suicidarse.
Fuimos un incansable intento del mar por besar la tierra.
Fuimos paz, y sobretodo guerra.
Quisimos ser todo, por encima de nada. Y sólo encontramos
piedras, de camino a una felicidad que nunca nos alcanzaba.
Hoy tengo el corazón cansado de viajar a ninguna parte,
de caminar en círculos, de no llegar a tiempo cuando se trata de amarte.
Subiré al próximo tren, sin importar el destino. Dejaré
aquí todo lo malo de ayer, y aquello que pudo haber sido.
Me llevo los buenos recuerdos, y un par de canciones. Si alguna vez quieres encontrarme, recuerda buscarme en las estaciones.
