lunes, 16 de septiembre de 2013

Que hoy mis ruinas no quieren quedarse.

Nunca llegamos a pararnos a pensar en la relatividad de nuestra felicidad. Puede que por ello no consiguiéramos entendernos jamás.
Porque tus ilusiones eran mis miedos y tus ganas mis fantasmas; porque siempre te apetecía lo que a mí me atormentaba.

Fuimos cristales de bohemia en mitad de un terremoto; la esperanza ciega de cosernos, sin hilo, todos los rotos. El molde de una sonrisa que nunca llegó a forjarse, el arrepentimiento inútil en el último segundo antes de suicidarse.
Fuimos un incansable intento del mar por besar la tierra. Fuimos paz, y sobretodo guerra.

Quisimos ser todo, por encima de nada. Y sólo encontramos piedras, de camino a una felicidad que nunca nos alcanzaba.
Hoy tengo el corazón cansado de viajar a ninguna parte, de caminar en círculos, de no llegar a tiempo cuando se trata de amarte.

Subiré al próximo tren, sin importar el destino. Dejaré aquí todo lo malo de ayer, y aquello que pudo haber sido.
Me llevo los buenos recuerdos, y un par de canciones. Si alguna vez quieres encontrarme, recuerda buscarme en las estaciones.