jueves, 24 de enero de 2013

Momentos que nunca existieron, historias de esas que nunca se olvidan.


He vuelto a tachar un nuevo día en mi calendario, llevo haciéndolo tanto tiempo que ya ni siquiera creo recordar porqué. Meses y meses teñidos de rojo, amontonados en un cajón.  Horas cargadas de amargos recuerdos. Días empapados en sueños truncados. Años crucificados que sólo repiten que tú ya no estás.


Para ti siempre he sido un error. Hay cosas que nunca cambian. Es por ello que hoy no vengo a hacerte cambiar de idea, a desmoronar tu mundo, a convencerte de nada.

Comprendo que a estas alturas mi nombre no te encoja las entrañas, ni mi recuerdo te arrugue el corazón. Sé que fueron demasiados días malos, y que quizás ya no sea más que un borrón en tu agenda de desengaños. Entiendo tus reproches y tu odio reiterado, aunque debo confesarte que me duele no ser yo quien te lleve de la mano.

Puede que una mañana, cuando el amanecer trepe por tus caderas y se abra paso entre tu pelo, escuches el susurro de todos los te quiero que he gritado al viento durante todo este tiempo.
Tal vez un día tu sonrisa perdone mis errores,  tus manos abracen mis palabras y tu mirada se cruce con todos esos besos que aún te guardo. Quizás sea entonces cuando comprendas que nunca me he marchado, que sólo esperaba el momento correcto, el instante adecuado. Que he pasado una eternidad hibernando al calor de tu recuerdo, esperando que el hilo quebrado de tu voz me despierte de la más profunda de mis pesadillas.


miércoles, 23 de enero de 2013

Con-razones.

Es que no la conocéis, aunque la veáis pasar enamorando aceras
con ese moño de fotógrafa italiana que talla cada luz en su retina
y te la devuelve mejorada.

Es que no podéis saber cuántos brindis le caben en el cuerpo 
ni ella sabe cuántas lagrimas le quedan, y por eso las regala.

Os conformáis con atisbar de reojo la amenaza par de sus pezones
o medir el largo interminable de sus piernas,
cuando lo que importa son sus pasos y hacia donde la llevan.

Es que no tenéis ni puta idea del poder que se siente
cuando me abraza dormida y se sabe en casa,
de la angustia acristalada cuando se queda pero se marcha,
de la caliente felicidad con que regresa, a derretir escarchas.

Es que no la habéis visto leer el diario e indignarse,
empañar con canciones tristes sus opacos ventanales,
o usar las gafas de sol cuando anochece,
para proteger de su mirada a los mortales.

Es que en su cuello podrían tatuarse, en espiral,
los poemas que explican mi verdad,
Y en su nuca caben, en tres signos tipográficos,
todas las palabras que jamás he pronunciado.

Es que cuando la maquina del mundo se detiene
y todo me sabe a error por repetir,
ella funciona.
Cuando me caigo en la trinchera que llevo años cavando,
ella sonríe y me levanta.

Cuando teme que el futuro pueda quedarle grande,
me llama y le hacemos un corte de mangas
y un tajo que va del ayer a su cadera,
que es donde empieza y termina la mañana.

Y aunque la hayáis tenido, espléndida y desnuda,
con ese galopar de felino desbocado,
si no os cambió la vida su manera de entregarse,
es que mirabais hacia el lado equivocado.

Es que no la conocéis. 
Es que por suerte, no acabo de aprenderla
ni la quiero descifrar.
Es que nunca sabré con cuál de ellas me acuesto
y con cuál me levanto,
pero disfruto tanto 
de esta poligamia singular.

Es que no quiere hacerle daño a nadie
aunque la simplifiquen o lastimen.
Es que parece tan frágil y está hecha de acero inolvidable.

Se cree tímida, pero no sabe ni quiere estarse quieta.
Es que teme ser libre, pero no admite ataduras.
Salvo algunas noches,
cuando su espalda vuelve a ser montura 
y me ofrece el animal mas bello del planeta.

Es que no podéis saber.
Es que no tenéis ni puta idea.

Entiendo que queráis quererla.
Pero yo la quiero
por muchas más razones.

miércoles, 2 de enero de 2013

Y, sin embargo, te quiero.

Hace tiempo perdí la ilusión y la mitad de las ganas. Hace tiempo me abandonó la felicidad, y aún sigo esperando que me cosan las alas. Hace tiempo que el tiempo me pisa al pasar. Hace tiempo que estoy por estar. Hace tiempo, querida, que no siento nada al mirar hacia atrás; porque hace tiempo ví que no tengo futuro alguno al que caminar. 
Hace tiempo que me sangran las heridas cuando escucho tu voz. Hace tiempo que tu indiferencia no asalta mi cama para hacerme el amor. Hace tiempo que tus dudas duermen bajo mi cama. Hace tiempo que borraste cada huella de aquellas sábanas. Hace tiempo que estoy en lo cierto al pensar que te da igual. Hace tiempo me viene doliendo el olor de tu pelo al pasar. Hace tiempo que mis sueños ya no rozan tus pasiones. Hace tiempo nos impusiste tus normas y prohibiciones. Hace tiempo te seguí ciegamente, y hoy me arrepiento. Hace tiempo que me voy. Hace tiempo que me vengo. 
Hace tiempo que mis costuras las royeron los ratones. Hace tiempo que ya nadie me lleva a perderme por ninguno de nuestros rincones. Hace tiempo que la suerte dejó de subirse a mi espalda. Hace tiempo que no juego tus cartas, ni me guardo tu as en la manga. Hace tiempo desmentí las palabras de aquellos que por nosotros no apostaban. Hace tiempo que vengo creyendo que mañana se acaba. 
Hace tiempo que terminaron tus ganas de verme. Hace tiempo, vida mía, que dejé de creerte. Hace tiempo prometí no dejarte y, aquí me ves, lamiendo mis heridas para no desangrarme. Hace tiempo que somos como dos extraños. Hace tiempo dejaron de dolerme los años. 
Hace tiempo que te odio... Pero nunca más de lo que amo.